El ayuno y la alimentación restringida en el tiempo (TRE) consisten en abstenerse intencionadamente de comer durante periodos determinados para desencadenar adaptaciones metabólicas beneficiosas. Estas prácticas pueden mejorar significativamente la sensibilidad a la insulina, potenciar la flexibilidad metabólica (la capacidad de alternar eficazmente entre la quema de glucosa y grasa) y estimular la autofagia (reciclaje celular). Los estudios clínicos muestran que la TRE puede producir mejoras moderadas pero constantes en la composición corporal, los perfiles lipídicos y la presión arterial, especialmente en personas con sobrepeso u obesidad. Sin embargo, los protocolos estrictos requieren considerar detenidamente el estado de salud individual y los posibles riesgos, y están contraindicados para mujeres embarazadas, personas con diabetes que toman medicación y quienes tienen antecedentes de trastornos de la conducta alimentaria.
El ayuno es la abstinencia voluntaria y controlada de alimentos durante periodos específicos. A diferencia de la inanición, que es involuntaria y perjudicial, el ayuno es un factor de estrés metabólico deliberado y de corta duración que puede activar antiguas vías de supervivencia. La alimentación restringida en el tiempo (TRE), a menudo denominada ayuno intermitente (IF), es la forma moderna más común, en la que la ingesta diaria de alimentos se limita a una franja específica (p. ej., 8-10 horas), mientras que las horas restantes transcurren en estado de ayuno. Entre las formas más intensas se incluyen los ayunos periódicos de 24 horas o los ayunos prolongados de varios días. El mecanismo principal implica un cambio metabólico que pasa de utilizar la glucosa como combustible principal a quemar la grasa almacenada y producir cuerpos cetónicos, junto con la activación de procesos de reparación celular como la autofagia.
Cuando comes, tu cuerpo utiliza principalmente glucosa para obtener energía, almacenada en forma de glucógeno en el hígado y los músculos. Los niveles de insulina se elevan, lo que indica al organismo que almacene el exceso de energía en forma de grasa. Durante el ayuno, estas reservas de glucógeno se agotan (normalmente después de 12-18 horas). A medida que escasea la glucosa, los niveles de insulina disminuyen y el cuerpo pasa a utilizar la grasa almacenada como su principal fuente de combustible. Este proceso, conocido como cambio metabólico, conduce a la producción de cuerpos cetónicos (como el beta-hidroxibutirato) a partir de ácidos grasos en el hígado. Este cambio está regulado por sensores energéticos clave como AMPK (activado cuando la energía es baja) y mTOR (inhibido cuando la energía es baja), que en conjunto favorecen los procesos catabólicos (degradación) y la reparación celular.

El cambio metabólico inducido por el ayuno. (Izquierda) En el estado alimentado, los hepatocitos y los miocitos esqueléticos importan glucosa sistémica de forma independiente. Los hepatocitos almacenan glucosa en forma de glucógeno mediante los intermediarios G6P, G1P y UDP-glucosa. (Derecha) En el estado de ayuno, la beta-oxidación hepática de ácidos grasos impulsa la cetogénesis (de Acetil-CoA a BHB). El BHB se exporta mediante MCT1 (flecha hacia fuera) a la circulación sistémica. Los miocitos esqueléticos importan BHB y lo convierten en Acetil-CoA para generar ATP mitocondrial. El estado de baja energía inducido por el ayuno (proporción AMP/ATP elevada) activa AMPK, que inhibe mTOR (eliminando la supresión de la autofagia) y estimula directamente la biogénesis mitocondrial y la oxidación de ácidos grasos.
Aunque el cambio metabólico de la glucosa a las cetonas comienza a medida que se agota el glucógeno hepático, la respuesta sistémica al ayuno se desarrolla como una cascada cronológica a lo largo de horas y días.

Figura 2: Progresión cronológica de las adaptaciones fisiológicas y moleculares durante el ayuno a corto plazo y prolongado (de 12 a 72 horas). Transición desde el agotamiento inicial del glucógeno (12 h) hasta una cetogénesis intensa y una autofagia impulsada por AMPK (18–24 h), que conduce a una cetosis sistémica profunda, aumentos repentinos de la hormona del crecimiento y remodelación de las células inmunitarias (48–72 h).
El ayuno y la alimentación con restricción horaria (TRE) se han estudiado ampliamente, principalmente para el control del peso y la salud metabólica.
| Resultado | Población | Magnitud del efecto | Confianza | Tipo de estudio | Notas |
|---|---|---|---|---|---|
| Reducción del peso corporal | Adultos con sobrepeso u obesidad | Pérdida del 2-5 % del peso corporal durante 3-12 meses | Alta | Revisiones sistemáticas y metaanálisis de RCTs[2:1][3:1] | Resultados consistentes entre distintos protocolos de TRE, a menudo comparables con la restricción calórica continua[10]. |
| Reducción de la masa grasa | Adultos con sobrepeso u obesidad | Reducción significativa de la masa grasa | Alta | Revisiones sistemáticas y metaanálisis de RCTs[2:2][3:2] | Pérdida preferente de grasa visceral, especialmente con períodos de ayuno más prolongados[1:1][11]. |
| Sensibilidad a la insulina | Personas con prediabetes o diabetes tipo 2 | Mejora de la insulina en ayunas y del HOMA-IR | Alta | RCTs, revisiones sistemáticas[1:2][12] | La alimentación temprana con restricción horaria (comer a primeras horas del día) muestra importantes beneficios independientes de la pérdida de peso en hombres con prediabetes[1:3]. Los efectos pueden desaparecer tras su interrupción en pacientes con diabetes tipo 2[4:1]. |
| Presión arterial | Personas con hipertensión o prediabetes | Reducciones modestas de la presión arterial sistólica/diastólica | Moderada | RCTs, revisiones sistemáticas[1:4][3:3] | Los efectos suelen estar relacionados con la pérdida de peso, aunque también se han observado algunos beneficios independientes[1:5]. |
| Perfil lipídico | Adultos con sobrepeso u obesidad, mujeres con PCOS | Efectos diversos sobre LDL-C y triglicéridos; algunas mejoras | Moderada | Revisiones sistemáticas, revisiones paraguas[13][3:4][14] | Las revisiones paraguas muestran efectos inconsistentes sobre LDL-C, aunque algunos estudios informan de reducciones de los triglicéridos y mejoras de HDL-C, especialmente en poblaciones específicas como las mujeres con PCOS[13:1][12:1]. |
| Activación de la autofagia | Personas sanas | Regulación al alza de los marcadores de autofagia (LC3-II) después de 16-24 h o más | Moderada | Biopsias musculares humanas, estudios mecanísticos[7:1][8:1] | Se observó una respuesta autofágica significativa en el músculo humano después de 24 horas de ayuno, relacionada con una disminución de la señalización de mTOR[7:2][8:2]. |
| Marcadores de inflamación | Adultos sanos | Reducción de CRP y de los marcadores de estrés oxidativo | Baja | Estudios observacionales, algunos RCTs[1:6][15] | La evidencia indica una reducción de la inflamación sistémica, pero aún están surgiendo datos de alta calidad en humanos sobre marcadores específicos de longevidad[1:7]. |
| Función cognitiva | Adultos sanos | Aumento de BDNF y mejora de la concentración (subjetiva) | Baja | Estudios en animales, datos limitados en humanos | Aunque los modelos animales muestran efectos neuroprotectores sólidos y un aumento del factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF), la evidencia en humanos es en gran medida subjetiva o procede de biomarcadores a corto plazo[16][11:1]. |
El ayuno no constituye una experiencia metabólica uniforme; las respuestas fisiológicas varían significativamente según el sexo biológico, el estado hormonal y la edad cronológica.

Figura 3: Diferencias fisiológicas específicas según el sexo y la edad en las respuestas al ayuno. Las mujeres premenopáusicas (izquierda) presentan una mayor sensibilidad del eje hipotalámico-hipofisario-gonadal (HPG) a través de las neuronas de kisspeptina; una privación calórica agresiva puede provocar picos de cortisol y suprimir la pulsatilidad de LH/FSH, lo que causa irregularidades menstruales. Los adultos mayores (derecha) afrontan un mayor riesgo de sarcopenia debido a una respuesta anabólica atenuada (resistencia anabólica), por lo que es necesario programar cuidadosamente las comidas ricas en proteínas para mantener la masa muscular esquelética durante la alimentación restringida en el tiempo.
En las mujeres premenopáusicas, las respuestas al ayuno están estrechamente vinculadas al eje hipotalámico-hipofisario-gonadal (HPG), evolutivamente preparado para controlar la disponibilidad de energía antes de la reproducción.
En las personas de 65 años o más, los principales objetivos terapéuticos del ayuno (la salud metabólica y la autofagia) deben equilibrarse con la conservación de la masa muscular esquelética y la densidad mineral ósea.
La clave es progresar gradualmente y encontrar un ritmo sostenible.
CONTRAINDICACIONES CLÍNICAS:
- Embarazo o lactancia: Las necesidades de nutrientes esenciales son demasiado elevadas; el ayuno entraña riesgos de alteraciones del desarrollo.
- Diabetes tipo 1: Alto riesgo de hipoglucemia grave o cetoacidosis diabética.
- Antecedentes de trastornos de la conducta alimentaria (anorexia, bulimia): El ayuno puede perpetuar patrones alimentarios perjudiciales y desencadenar una recaída.
- Bajo peso (IMC < 18,5): Alto riesgo de pérdida de masa muscular y alteración del eje hipotálamo-hipófisis-gónadas.
- Niños y adolescentes: Las fases críticas de crecimiento y desarrollo requieren una ingesta constante de calorías y micronutrientes.
- Enfermedad crónica grave o fragilidad: Riesgo elevado de caquexia, sarcopenia y acontecimientos adversos debido a la alteración del equilibrio energético y la inestabilidad metabólica.
La monitorización continua tanto de los signos vitales objetivos como de los estados neurológicos subjetivos es esencial para implementar el ayuno de forma segura, especialmente durante protocolos prolongados o avanzados.

Figura 4: Diagrama de flujo para la toma de decisiones clínicas y protocolo de señales de alarma para interrumpir el ayuno. Es esencial monitorizar de forma continua o periódica los signos vitales (presión arterial, frecuencia cardíaca, glucemia) y el estado neurológico. Alcanzar cualquiera de los umbrales naranjas de alarma —como hipotensión sistólica, neuroglucopenia sintomática, alteración cognitiva o dolor gastrointestinal persistente— exige interrumpir inmediatamente el ayuno y, a continuación, realizar una realimentación estructurada y suave.
Para prevenir complicaciones clínicas graves, como inestabilidad cardiovascular, hipoglucemia profunda o lesión gastrointestinal, debe seguirse una vía de decisión clara. El ayuno debe interrumpirse inmediatamente si se alcanza alguno de los siguientes umbrales de «señal de alarma»:
Protocolo para resolver las señales de alarma: Al identificar cualquier señal clínica de alarma, el protocolo exige interrumpir inmediatamente el ayuno. La intervención terapéutica incluye la administración de soluciones de rehidratación oral que contengan sodio, potasio y magnesio, seguida de la reintroducción gradual de nutrientes simples y de fácil digestión (como caldo de huesos) para prevenir complicaciones derivadas de la realimentación[6:3].
La monitorización de indicadores objetivos y subjetivos garantiza la seguridad y la eficacia.
R: Para principiantes, se recomienda un protocolo de alimentación restringida en el tiempo (TRE) de 12:12 o 14:10. Esto implica ayunar durante 12 o 14 horas, normalmente limitándose a prolongar el ayuno nocturno (p. ej., dejar de comer después de cenar y retrasar el desayuno). Esto permite que el cuerpo se adapte gradualmente.
R: Sí, los estudios en humanos, incluidas las biopsias musculares, indican que los marcadores de autofagia como LC3-II aumentan significativamente en el músculo esquelético humano después de 16-24 horas de ayuno. Se observa una activación más profunda con ayunos más prolongados (p. ej., de 48-72 horas) [7:5][8:5].
R: El ayuno, en particular la alimentación restringida en el tiempo, puede ser una estrategia eficaz para perder peso. A menudo provoca una reducción natural de la ingesta calórica y mejora la flexibilidad metabólica, lo que ayuda al cuerpo a quemar la grasa almacenada. Las revisiones sistemáticas muestran reducciones modestas pero constantes del peso y de la masa grasa [2:4][3:8].
R: El café solo y el té sin añadidos (sin leche, azúcar ni edulcorantes artificiales) suelen considerarse aceptables durante un ayuno metabólico. Por lo general, no aumentan significativamente la insulina ni interrumpen el ayuno cuando el objetivo es perder peso o mejorar la salud metabólica. Sin embargo, para maximizar la autofagia, suele recomendarse un ayuno solo con agua.
R: Los principales riesgos incluyen hipoglucemia (nivel bajo de azúcar en sangre), desequilibrios electrolíticos (especialmente en ayunos prolongados, que pueden provocar dolor de cabeza, mareos o «gripe keto») y un posible empeoramiento de los trastornos de la conducta alimentaria. Ciertas afecciones médicas, como la diabetes tipo 1, y determinados medicamentos constituyen contraindicaciones y requieren consulta médica [4:4][5:3][6:4].
R: Es posible notar cambios iniciales en los niveles de energía y la claridad mental entre unos pocos días y una semana. La pérdida de peso suele comenzar en un plazo de 1 a 2 semanas, mientras que las mejoras metabólicas más significativas (como la sensibilidad a la insulina) se hacen evidentes después de 3 o 4 semanas de práctica constante [1:9][11:2].
R: El síndrome de realimentación es una complicación metabólica potencialmente peligrosa que puede producirse cuando las personas con desnutrición grave o que terminan ayunos prolongados (normalmente de más de 5 a 7 días) vuelven a alimentarse demasiado rápido. Implica alteraciones graves de los líquidos y los electrolitos. Para evitarlo, finalice los ayunos más largos de manera gradual, con pequeñas cantidades de alimentos fáciles de digerir, como caldo y verduras cocidas, y asegúrese de consumir suficientes electrolitos [6:5].
Este análisis en profundidad sintetizó evidencia procedente de revisiones sistemáticas, metaanálisis, ensayos controlados aleatorizados (RCTs) y estudios observacionales de alta calidad identificados mediante búsquedas en PubMed, JAMA Network Open, Cell Metabolism y otras bases de datos biomédicas. Las consultas de búsqueda se centraron en «ayuno intermitente», «alimentación restringida en el tiempo», «ayuno prolongado», «autofagia», «salud metabólica» y «seguridad/contraindicaciones» en poblaciones humanas. Se dio prioridad a los datos clínicos en humanos y a la síntesis de evidencia.
templates/deep_dive.md y en una amplia investigación biomédica. Se eliminaron las advertencias generales de salud para cumplir las directrices clínicas profesionales.Sutton, E. F., et al. (2018). Early Time-Restricted Feeding Improves Insulin Sensitivity, Blood Pressure, and Oxidative Stress Even without Weight Loss in Men with Prediabetes. Cell Metabolism. https://doi.org/10.1016/j.cmet.2018.04.010 ↩︎ ↩︎ ↩︎ ↩︎ ↩︎ ↩︎ ↩︎ ↩︎ ↩︎ ↩︎
Patikorn, C., et al. (2022). Intermittent Fasting and Obesity-Related Health Outcomes: An Umbrella Review of Meta-analyses of Randomized Clinical Trials. JAMA Network Open. https://jamanetwork.com/journals/jamanetworkopen/fullarticle/2787246 ↩︎ ↩︎ ↩︎ ↩︎ ↩︎
Xing, K., et al. (2026). Age-Specific Analysis of the Effects of Intermittent Fasting on Body Composition and Cardiometabolic Markers in Healthy Adults and Individuals with Overweight or Obesity: A Systematic Review and Meta-Analysis of Randomized Controlled Trials. Nutrients. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/42280443/ ↩︎ ↩︎ ↩︎ ↩︎ ↩︎ ↩︎ ↩︎ ↩︎ ↩︎
Li, Y., et al. (2026). The metabolic effects of intermittent fasting in patients with type 2 diabetes exist in the short term but disappear after its discontinuation: A systematic review and meta-analysis of randomized controlled trials. PLoS One. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/40367729/ ↩︎ ↩︎ ↩︎ ↩︎ ↩︎
Wilhelmi de Toledo, F., et al. (2019). Safety, health improvement and well-being during a 4 to 21-day fasting period in an observational study including 1422 subjects. PLoS One. https://journals.plos.org/plosone/article?id=10.1371/journal.pone.0209353 ↩︎ ↩︎ ↩︎ ↩︎
Tang, H., et al. (2026). Nutritional Support Strategies for Refeeding Syndrome in ICU Patients: A Review of Current Evidence. Journal of Multidisciplinary Healthcare. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/42371475/ ↩︎ ↩︎ ↩︎ ↩︎ ↩︎ ↩︎
Vendelbo, M. H., et al. (2014). Exercise and fasting activate autophagy in human skeletal muscle. Journal of Physiology. https://physoc.onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1113/jphysiol.2014.271544 ↩︎ ↩︎ ↩︎ ↩︎ ↩︎ ↩︎
Vendelbo, M. H., et al. (2014). Fasting increases human skeletal muscle net phenylalanine release and this is associated with decreased mTOR signaling. PLoS One. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/25020061/ ↩︎ ↩︎ ↩︎ ↩︎ ↩︎ ↩︎
Lauc, G., et al. (2026). Systemic metabolic, hormonal, and glycomic remodeling during a 72-hour fast in healthy adults: a pilot study. Croatian Medical Journal. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/42286908/ ↩︎
Seimon, R.V., et al. (2015). The Effect of Energy Restriction with or without Exercise on Body Composition and Metabolic Health: A Systematic Review and Meta-Analysis. Obesity Reviews. https://doi.org/10.1111/obr.12328 ↩︎ ↩︎ ↩︎
de Cabo, R., & Mattson, M. P. (2019). Effects of Intermittent Fasting on Health, Aging, and Disease. New England Journal of Medicine. https://www.nejm.org/doi/full/10.1056/NEJMra1905136 ↩︎ ↩︎ ↩︎
Albosta, M., & Bakke, J. (2021). Intermittent fasting: is there a role in the treatment of diabetes? A review of the literature and guide for primary care physicians. Clinical Diabetes and Endocrinology. https://clindiabetesendo.biomedcentral.com/articles/10.1186/s40842-020-00116-1 ↩︎ ↩︎ ↩︎ ↩︎ ↩︎
Popiolek-Kalisz, J., & Kwasny, A. (2026). The impact of intermittent fasting on lipid profile - an umbrella review. Nutrition, Metabolism and Cardiovascular Diseases. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/41475991/ ↩︎ ↩︎
Popiolek-Kalisz, J., & Kwasny, A. (2026). The impact of intermittent fasting on lipid profile - an umbrella review. Nutrition, metabolism, and cardiovascular diseases : NMCD. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/41475991/ ↩︎
Harvie, M. N., et al. (2011). The effects of intermittent or continuous energy restriction on weight loss and metabolic disease risk markers: a randomized trial in young overweight women. International Journal of Obesity. https://www.nature.com/articles/ijo2010171 ↩︎
Mattson, M. P., et al. (2018). Impact of intermittent fasting on health and disease processes. Ageing Research Reviews. https://doi.org/10.1016/j.arr.2016.10.005 ↩︎ ↩︎
Bagherniya, M., et al. (2018). The effect of fasting or calorie restriction on autophagy induction: A review of the literature. Ageing Research Reviews. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/30172870/ ↩︎ ↩︎
Lin, S., et al. (2021). Does the weight loss efficacy of alternate day fasting differ according to sex and menopausal status? Nutrition, Metabolism and Cardiovascular Diseases. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/33358713/ ↩︎
Al Zunaidy, N. A., et al. (2024). The effect of Ramadan intermittent fasting on anthropometric, hormonal, metabolic, inflammatory, and oxidative stress markers in pre- and post-menopausal women: a prospective cohort of Saudi women. Frontiers in Nutrition. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/39698238/ ↩︎
Couto-Alfonso, S., et al. (2026). Intermittent Fasting and Healthy Aging in Older Adults: A Systematic Review of Cardiometabolic, Mental Health and Cognitive Outcomes with a Network Meta-Analysis of Anthropometric Measures. Nutrients. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/42124054/ ↩︎ ↩︎